Cuando el periodismo se vuelve mercancía se afecta la democracia. Enseñanzas del caso Ancash.

Periodismo y corrupción

La detención del presidente regional de Ancash, César Álvarez, denota la fragilidad de la democracia dentro del proceso de descentralización impulsado por la Ley N° 27783  y promulgada durante el gobierno del presidente Alejandro Toledo Manrique el 26 de julio del 2002.

Y es que esta detención enmarcada entre graves acusaciones de crímenes y corrupción, ha develado que quienes promovieron estos hechos nefastos y soterrados para la región ancashina, fueron ni más ni menos, grupos de interés focalizados entre quienes por su naturaleza debieron por el contrario, ser pilares de contención de la degeneración gubernamental: periodistas, policías y dirigentes sindicales. Destacando entre ellos a “hombres de prensa” como  Carlos Revilla y Nelsón Vásquez comprometidos en el denominado caso “La Centralita”; tres dirigentes de construcción civil, Víctor López, Modesto Mondragón y Moisés Pretell; y cuatro policías que se encargaban del resguardo de Álvarez, quien al parecer es la cabeza visible de los sucesos delictivos en la región Ancash.

Y es que cuando se “desnaturaliza” la vocación “oficiosa de informar” por objetivos mercantiles (lucro) el riesgo de caer en las “garras de la corrupción” es inminente. Cuando se usa el periodismo como medio de extorsión o de direccionamiento de la realidad mancillando honras y “camuflándose” bajo el manto de la libertad de información con el fin de tomar o convivir con el poder político, el riesgo de corrupción y procrear delincuencia es inminente.

Ser periodista involucra intrínsecamente ser “aséptico” al poder político. No hay posibilidad de comunión entre el ejercicio periodístico y el político. O se es periodista o se es político. Por que si el periodista “juega” en ambos terrenos, en el corto plazo los ejemplos de Revilla y Vásquez no le será lejano y tocará a su puerta.

Debe quedar en claro, que son dos asuntos diferentes ser “periodista de política” y “periodista político”. El primero tiene el compromiso con la realidad nacional y lucha incansablemente por fortalecer la democracia; el segundo, es un “timador” camuflado en las vertientes del “más noble de los oficios” que anhela en el fondo, “destrozando a sus rivales políticos”, tomar el poder de turno motivado por intereses particulares en búsqueda del erario público al cual mira como botín.

Un medio de comunicación jamás puede ser convertido en un partido político, pues esa “convivencia” es anti natural.

Esta es la consecuencia de la “liberalización y precarización” del periodismo en el Perú con la nefasta promulgación de la Ley N° 26937  durante la dictadura fujimontesinista, que para el caso de Ancash, nos demuestra que el derecho a la información en “manos de fatuos” ha ido -en el tiempo- convirtiéndose en mercancía por quienes fueron favorecidos por esa norma.

Hay pues un deber moral de identificar a quienes se esconden entre el “ruido mediático” y denunciarlos, de esta manera, contribuir al fortaleciminento de nuestra aún débil democracia y el Estado de Derecho.  Sólo así forjaremos una sociedad peruana humanizada hacia el desarrollo.

¡Que los “Revilla y Vásquez” no surjan más!

Marcona Protesta
16 de mayo del 2014

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