Diálogo estratégico y económico entre dos imperios, uno que decae y otro que emerge. Pero al fin: ¡Imperios!

Pocos problemas globales pueden ser resueltos por un solo país.

¿Si los imperios se dan la mano, por qué los pueblos no?
¿Si los imperios se dan la mano, por qué los pueblos no?

Cuando Estados Unidos y China establecieron relaciones diplomáticas hace 30 años, no se sabía qué depararía el futuro. En 1979 China aún emergía de las ruinas de la Revolución Cultural y su producto interno bruto se situaba en sólo US$176.000 millones, una fracción de los US$2,5 billones (millones de millones) de EE.UU. Incluso el transporte y la comunicación entre nuestros dos grandes países representaba un reto: nos conectaban unas cuantas líneas telefónicas poco confiables y ningún vuelo directo. Hoy, el PIB de China supera los cuatro billones de dólares, todos los días se intercambian miles de correos electrónicos y llamadas a través del Océano Pacífico, y para el año próximo habrá 249 vuelos directos por semana entre EE.UU. y China.

Para mantenernos al día con estos cambios que afectan a nuestros ciudadanos y nuestro planeta, necesitamos actualizar nuestros lazos oficiales con Beijing. Durante su primera reunión en abril, el presidente Barack Obama y el presidente Hu Jintao anunciaron un nuevo diálogo como parte de los esfuerzos del gobierno para construir una relación positiva, cooperativa y extensa con Beijing. Esta semana nos reuniremos en Washington con dos de los más altos funcionarios del gobierno chino, el vice premier Wang Qishan y el consejero de Estado Dai Bingguo, para desarrollar un nuevo marco para las relaciones entre EE.UU. y China. Muchos de nuestros colegas en el gabinete se unirán a este “Diálogo Estratégico y Económico”, así como un numero igual de altos líderes del gobierno chino. ¿Por qué hacemos esto y qué significa para los estadounidenses?

Para ponerlo de una manera sencilla, pocos problemas globales pueden ser resueltos sólo por EE.UU. o China. Y pocos pueden se resueltos sin EE.UU. y China juntos. La fuerza de la economía global, la salud del medio ambiente global, la estabilidad de los Estados frágiles y la solución a los retos de la no proliferación dependen en gran medida de la cooperación entre EE.UU. y China. Aunque nuestro diálogo de dos días romperá barreras al combinar las discusiones de políticas económicas y de relaciones exteriores, nos basaremos en los esfuerzos de los últimos siete gobiernos de EE.UU. y en el tapiz existente de intercambios y cooperación entre gobiernos en varias decenas de áreas diferentes.

En la cima de nuestras prioridades se encuentra asegurar la recuperación de la crisis económica global más seria en generaciones y asegurar un crecimiento global sostenible una vez que el crecimiento global haya regresado. Cuando se desató la crisis actual, EE.UU. y China actuaron de forma rápida y agresiva para apuntalar la actividad económica y crear y mantener empleos. El éxito de las mayores economías mundiales al absorber la fuerza de la recesión global y sentar las bases para la recuperación se debe en gran medida a los osados pasos que han dado nuestros dos países.

A medida que avanzamos hacia la recuperación, debemos tomar medidas adicionales para establecer la base de un crecimiento balanceado y sostenible en los próximos años. Esto implicará que los estadounidenses reconstruyamos nuestros ahorros, fortalezcamos nuestro sistema financiero e invirtamos en energía, educación y salud para hacer a nuestro país más productivo y próspero. Para China quiere decir continuar las reformas del sector financiero y su desarrollo. También implica impulsar el crecimiento de la demanda global y hacer que la economía china sea menos dependiente de las exportaciones. Incrementar los ingresos personales y fortalecer la red de seguridad social para hacer frente a las razones por las que los chinos se sienten motivados a ahorrar tanto proveerá un poderoso impulso a la demanda doméstica china y el crecimiento global.

Ambos países debemos evitar la tentación de cerrar nuestros respectivos mercados al comercio y la inversión. Ambos debemos esforzarnos para crear nuevas oportunidades para que nuestros trabajadores y nuestras empresas puedan competir por igual, de modo que los habitantes de cada país vean el beneficio de la rápida expansión de la relación económica entre EE.UU. y China.

Una segunda prioridad es progresar en los asuntos interconectados del cambio climático, la energía y el medio ambiente. Nuestros dos países necesitan establecer una asociación real para colocarse en el sendero del bajo carbono, al reducir en simultáneo las emisiones de gases de efecto invernadero y promover la recuperación económica y el desarrollo sostenible. La relevante naturaleza de nuestras reuniones ofrece una oportunidad única para los funcionarios estadounidenses de encontrarse con sus pares chinos, para trabajar sobre el problema global del cambio climático. En la antesala de la conferencia internacional sobre el cambio climático en Copenhague en diciembre, queda claro que cualquier acuerdo debe incluir una participación significativa de grandes economías como China.

El tercer tema amplio por debatir es encontrar enfoques complementarios a los desafíos de seguridad y desarrollo en la región y en todo el mundo. Desde las acciones provocativas de Corea del Norte hasta la estabilidad en Afganistán y Pakistán y las posibilidades económicas en África, EE.UU. y China deben trabajar juntos para encontrar soluciones para estos desafíos urgentes que enfrentan no sólo nuestros dos países, sino también muchos otros en todo el mundo.

Aunque esta primera ronda de Diálogo Estratégico y Económico entre EE.UU. y China ofrece una oportunidad única para trabajar con funcionarios chinos, no siempre estaremos de acuerdo en las soluciones y debemos ser francos sobre nuestras diferencias, incluyendo el establecimiento de los marcos adecuados para tener esas conversaciones. Y mientras trabajamos para hacer de China un socio importante, seguiremos trabajando de cerca con nuestros viejos aliados y amigos en Asia y alrededor del mundo, y contando con los grupos y las organizaciones internacionales apropiados.

No obstante, sostener estas conversaciones a nivel estratégico con nuestros pares chinos ayudará a establecer la confianza y las relaciones para afrontar los mayores desafíos globales de hoy y de la generación futura. Los chinos tienen un sabio aforismo: “Cuando estás en un bote común, debes cruzar el río juntos en paz”. Hoy, nos uniremos a nuestros pares chinos para tomar un remo y empezar a remar.

*Nota: Este artículo fue escrito por Hillary Clinton actual secretaria de Estado de EE.UU, y Geithner, el secretario del Tesoro de EE.UU.

Fuente: Online.wsj
10 de agosto del 2009

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