Pisco y la solidaridad del contigente médico cubano: ” Henry Réeve”. Cuando la calidad total es la DIGNIDAD HUMANA, a cualquier costo.

brigada henry greeve

El equipo de Marcona Protesta llegó a Pisco el lunes 17 de septiembre en horas de  la mañana con la “ilusoria” intención de ver volar a las aves en rojo y blanco que inspiraron al generalísimo libertador San Martín; con las ganas de escuchar el “tañer doloroso de una vieja campana” como dice el poema “Tristitia” y con la esperanza de ver también a algún “Caballero Carmelo” peleando una lid por mayor DIGNIDAD como dijera el gran escritor peruano y pisqueño Abraham Valdelomar para muchos el Conde de Lemos… pero todo fue diferente, el daño que teníamos frente a nosotros era visible, totalmente ineludible. 
En esos instantes afloraró un sentimiento que nos decía que Pisco estaba herido, casi “sangrante”… La naturaleza y la pobreza la habían asaltado causándole mucho dolor.
Caminamos entre escombros, entre gente que quería creer que nada malo había pasado pero eso era imposible. Las casas, “esqueletos de urbanidad mestiza” de la ciudad de la libertad estaban derruídas cual castillo de naipes señalándonos que el último juego en algunas vidas había tenido un final infeliz. La Plaza de Armas, principal centro de intercambios sociales ya
no “hablaba”, tenía una angustía  muda, guardando en su “alma” un sin fin de historias humanas que jamás volverán. Los “reconstructores” que llegaran a Pisco luego del terremoto, la estaban convirtiendo en centro de operaciones de “una ciudad en casi estado de guerra”, los letreros o carteles así lo decían: “aquí se inscriben a damnificados..”, frases que eran el reflejo de la convocatoría a la organización de la sobrevivencia.
A los lados de lo que aún quedaba del histórico damero urbano pisqueño, pudimos ver la dignidad de las columnas de la Iglesia principal que se sostenían en las fuerzas de algún Sansón bíblico, y en medio de ella, una tienda – diriáse mejor una carpa – era la nueva “nave” que tenía en su seno el  atrio para los “nuevos” oficios religiosos que deberían otorgar paz a los “pobres en espíritu” devotos del Cristo redentor que esperaban con ansiedad… A pesar de esta descripción, vimos mucho más…
Mientras caminaba me hablaba en silencio (era casi una catarsis) entre las confusiones que la mente puede recrear frente al paisaje de la tragedía – pues quién escribe esta crónica, llegó a conocer al Pisco “verdadero”- … y pensaba: “si don Abraham Valdelomar viviera creo que pudiera haber dicho algo algo así: ” …Y el tañer doloroso de esa vieja campana llora al ver a sus hijos heridos, y las olas del mar con sus brisas vienen para acariciar y curar el alma de mi pueblo”… Y además creo que agregaría: “… y los besos de mi madre hoy los necesito mucho más que ayer…”
Entonces desperté de mis cuestionamientos internos y junto a mi acompañante, caminamos hacía el otro extremo de la noble ciudad, tierra de los ingeniosos Paracas aquellos que dominaron las primeras técnicas quirúrgicas llamadas trepanaciones craneanas y que hoy sumergidos en el profundo dolor que causa la pobreza son socorridos por nuestros hermanos isleños, aquellos “brigadistas médicos cubanos” del contingente “Henry Réeve” (luego supimos que Réeve – “El inglesito”- fue un luchador internacionalista que batalló por la libertad de los pueblos del mundo). Sí, estabamos allí en Pisco, la tierra de los textiles milenarios, de los gritos de libertad para la América eterna, del agua ardiente bendito que alegra el alma y a veces el misterioso espíritu, de… mucho más…
Luego de esos cortos pero largos minutos, llegamos al centro de operaciones de la brigada médica cubana: “Henry Réeve” que se encontraba en un espacio que correspondía a un inmenso campo de deportes y que en el Perú suele ser usado para otras actividades, entramos con la curiosidad de haber escuchado a la gente damnificada hablar de los “cubanos”, otros con más cariño de los “cubanitos”… entrada parque zonal
Al cruzar la gran puerta de entrada y acompañados del descenso de un contingente militar del ejército peruano que custodía el recinto, atravezamos el “campo” observando las consecuencias del terremoto: familias enteras – y otras tal vez no – se encontraban como en un campo de concentración arabe palestino, creí en algún momento estar en la llamada Franja de Gaza allá en medio de esa “santa” guerra cruenta – debo decir que nunca he ido por allá pero los reportes que siempre llegan de esa zona del medio oriente me dan la sensación cotidiana de haber estado, ¿Quién no ha escuchado de Palestina?- y sentí que ese era el lugar que nos habían dicho en donde encontraríamos a los cubanos… los de la brigada “Henry Réeve”… Junto a ellos la necesidad de un pueblo que clamaba por JUSTICIA y DIGNIDAD. (continuará).pisco parque zonal
Crónicas Marcona Protesta.
* Con el apoyo del corresponsal en Pisco Leonel Falcón.

18 de septiembre del 2007

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